miércoles, 20 de febrero de 2008

Tom Peters





























Dos entradas tan seguidas?? Pues sí.

Hace un par de días mantenía una videoconferencia a través del Msn con tres colegas vigueses (Cascote, Mur y Piro) que están trabando en Madrid. Supongo que aun sin quererlo, lo cierto es me animaron bastante sobre todo despues de tener una semana bastante jodida psicológicamente hablando (ya hablaré de este tema).

Sin embargo, cuando me preguntaron algo tan obvio, me dejaron bastante desconcertado.

-"Isaac, pero realmente, ¿cúal es tu trabajo ahí?"

La verdad es desde que llegué aquí (hace casi 2 meses), siempre hice lo que se me encomendaban: Acompañar al compañero de turno, escuchar lo que me decían, comprobar facturas, intentar encontrar fallos en el diseño de instalaciones eléctricas y mecánicas, realizar una tabla Excel con todas las actualizaciones que ya se habían aprobado... Pero siempre tenía la impresión de que estas tareas no servían para nada -por unas razones en los que no voy a entrar ahora-.




















Al finalizar la conversación, todavía ese no-se-que, me vino a la mente una de esas frases lapidarias de Tom Peters (uno de los grandes gurús de Business Management) que decía algo así como:




















-"Acepta las tareas que nadie quiere. Ganarás responsabilidad".




















Así que me dirigí a mi jefe (que vive conmigo) y me autoasigne la tarea que nadie quería realizar para el día siguiente. Acompañar a nuestro Ingeniero de Caminos (un egipcio) para comprobar que el vertido del hormigón se realiza correctamente en la Base Station 29 situada a unos 250 km de nuestra oficina.




















Por lo tanto, al día siguiente me levanto con mi jefe a las 7 de la mañana, quien me deja en la oficina para salir a las 8 de la mañana. Cuando llego allí, nos comunican que se ha retrasado hasta las 13h y por tanto, tendremos que salir sobre las 10:30h. Empezamos bien, madrugón para nada.




















En fin, después de recoger al Ingeniero Civil de nuestro cliente (que es de la India), nos ponemos rumbo por la carretera llana de kamikazes. Afortunadamente, la mayor parte del trayecto yo era el piloto, no sólo porque no me fio de como conduce el resto de la gente, si no porque también los últimos 20 kms es por un camino lleno de piedras que sirven para poner en práctica mi conocimientos adquiridos con el Colin McRae 2 (y mi madre decía que era una pérdida de tiempo).




















En fin, una vez llegado a nuestro destino, el egipcio comprueba que la armadura de hierro (para fabricar hormigón armado, es necesario hormigón y una estructura de hierro para que sea mucho más resistente, y que estoy seguro que la habréis visto millones de veces en las obras). Nuestro Ingeniero Civil dice que está mal colocada, y que cancelará el vertido del hormigón si no es reparada.


















Después de tener una discusión en árabe con los obreros, se decide traer al capataz de no sé que punto del desierto para reparar la estructura antes de que vengan las hormigoneras. Que por cierto, como no, se han vuelto a retrasar hasta una hora prevista de las 17h.













Un trozo del desierto




Mientras se repara la estructura, pues me da tiempo para leer algún libro que me traje, Rebelión en el desierto de Lawrance de Arabia, o contemplar el vacio del desierto o la posible fauna que puede haber en estos rincones.


Posible fauna del desierto













Más o menos a la hora prevista (solo se retrasó 30 min) llega la primera de las dos hormigoneras que hacen falta. Se hace las pruebas pertinentes al hormigón: La hora de salida de la fábrica, medir su temperatura, y el cono de Grahams (o como se escriba) para comprobar que la viscosidad del hormigón es la adecuada. El primer camión cumple con todos los requisitos.
















Sin embargo, no se puede utilizar hasta realizar las mismas pruebas en el segundo camión, y este se retrasa. Parece que la fábrica está bastante lejos (nadie me supo decir la distancia exacta) y está anocheciendo. En cualquier obra, verter hormigón en la oscuridad es peligroso, y más si te encuentras en el medio del desierto. Por lo tanto, nuestro Ingeniero vuelve con amenazar con la cancelación del vertido si el segundo camión no viene dentro de 15 min. Exactamente en ese tiempo, un obrero subido a unos 20m de la torre GSM-R ya construída, divisa a la distancia que la hormigonera se encuentra en el horizonte. Just-In-Time.














Pero las pruebas que se realizan en el hormigón no parecen ser tan satisfactorias. El cono de Grahams (o como se escriba), demuestran que tiene una viscosidad un poco inferior de lo recomendable. Se vuelve a analizar con una nueva muestra, está vez con unos resultados un poco peores. Por si fuese poco, el documento entregado por el camionero demuestra que el hormigón salió hace muy poco de la fábrica, tan sólo hace 15 min!!! Demasiado poco tiempo para la distancia que dubo haber recorrido.





El encofrado son las barras azules



Haciendo las prueba de Graham





Aprovechando los últimos rayos de sol


En fin, que nuestro Ingeniero hace la vista gorda de todo y se procede a realizar el vertido del hormigón, casi tan de noche que apenas te podías ver los pies. Ahora solo queda llegar a casa.














La vuelta parece ser más divertida. Todos los tramos que se hizo a la ida, pero ahora por la noche:














1er tramo: Superficie rugosa. Visibilidad nula. Practicamente llano excepto con algunos baches y sobresaltos. Excepto un coche averiado/contrabando en el arcén, sin circulación. Sin Problemas.














2º tramo: Carretera asfaltada. Visibildad nula. Desniveles y curvas frecuentes y sin aviso. Circulación en sentido contrario floja, pero que piensan que las luces largas no dislumbran a nadie. Prueba superada.










3er tramo: Carretera asfaltada. Visibilidad casi nula. Desniveles y curvas poco frecuentes. Circulación en ambos sentidos moderada y casi siempre de vehículos pesados. En esta parte, me empiezan a escocer los ojos y recuerdo que tengo colirio en mi bolso. Así que decido pararme sin avisar en el arcén. Mal hecho. Está lleno de arena y quedamos encallados. Por suerte, llevamos un 4x4, pero mi error tiene como recompensa empujar el coche.










4o tramo: Carretera con dos carriles en un solo sentido. Coches zumbados que te dan largas y te adelantan por el arcén. Esta última parte, yo descansaba.










Por fin llegué a casa a las 22h.

Al día siguiente, me vuelvo a presentar de nuevo voluntario para hacer una inspección a la Base Station 34, que está a unos 350 Kms. Aquí no llevé el coche tanto tiempo, y excepto la pequeña tormenta de arena a la vuelta que reduce nuestra visibilidad, nada más que decir.








Gracias Tom Peters. Ya tengo más responsabilidad.





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