Antes de embarcarme en este proyecto, tenía muy claro que la convivencia con el resto del “equipo” iba a ser difícil y que los conflictos no tardarían en surgir por el enorme tiempo que pasamos juntos y por el simple hecho de la interacción de individuos. Pues bien, creo que este es el momento más adecuado para comentar este tema.
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A los pocos días de ingresar en mi compañía, tenía muy claro que había mucha desorganización no sólo en este proyecto, sino también en toda la empresa. Nadie se responsabilizaba de mi formación, nadie me daba una información clara y convincente de lo que me esperaba en Arabia, y un largo etcétera que me llevaría demasiado tiempo.
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Sirva como ejemplo que cuando llegué aquí, mi “jefe” no estaba y todas sus responsabilidades se fueron con él, dejando a un compañero del equipo (llamémosle Mr D) al cargo de las tareas que no le correspondían y ni siquiera estaba informado –meetings, mi formación, compromisos, etc.-.
Antes de continuar quiero hacer un breve paréntesis para explicar de quien consta el equipo español:
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· Mi Jefe: Ingeniero de Telecomunicaciones por una Universidad de Madrid aunque es originario de Ribadeo (Galicia). 48 años.
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· Mr D: Ingeniero de Mecánica y de Organización Industrial (cosas del plan nuevo) por una Universidad de Madrid. 29 años.
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· Mr A: Ingeniero de Mecánica por la Universidad de Bilbao. 29 años.
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· Mr I: Master/Titulo express de 1 año, por no sé qué centro de California. 32 años.
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Finalmente, cuando llegó mi “jefe” a los 2 segundos ya me di cuenta de que no era una persona que estaba desbordada. Os parecerá coña, pero resulta que cuando das la mano a alguien y no la acompañas con una mirada firme, eso deja mucho que desear.
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Su tarea de líder/jefe, en mi opinión resultaba nefasta. No sabía delegar trabajo, no la consideraba una persona sincera, se equivocaba continuamente, le cogía renuncios muy a menudo, siempre hacía bromas de mal gusto hacia todos y hacia a mi sin conocerme (y debe de ser un defecto personal que tengo, pero a mí eso no me gusta nada) y por si fuese poco, no me dejaba hablar cuando sabía con certeza una respuesta o cuando divagaba. Sin embargo, estas labores parecían más que suficientes para el resto del equipo. Una persona que podía encajar cualquier queja y protesta, aunque luego no hiciese nada para remediarlo. Bueno, también tengo que decir en su favor que la responsabilidad aquí pesa bastante (mucho más) que cuando estás en tu país con los tuyos.
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Esto traía unas consecuencias de las que yo no sospechaba hasta que pasó un mes. Resulta, que en la oficina nos quedamos hasta bastante tarde (mínimo las 19h) y cuando estamos solos Mr D y Mr A (Mr I suele estar casi siempre en la carretera), empiezan a gritar y a decir blasfemias contra todo lo que se le presente: internet, la mezquita, su mismo jefe (tienen tanta confianza entre ellos, que a veces no importa lo que le digan), etc.
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Y esto trae consigo (en mi opinión y de los libros que estoy leyendo) unos ataques de ansiedad entre los que me contagiaba simplemente por estar presente. Para remediarlo, yo intento practicar deporte, yoga, música relajante, charlas amenas con amigos de España, escribir algún correo, realizar mi trabajo lo mayor concentrado posible, etc. Para calmar esta situación, me jefe realiza unas labores como padre que al principio me dejaban sorprendidos. Los trataba como si tuviesen 5 años. Intentando hablarles de España, de sus preocupaciones, de sus sueños…. Y sorpresa!! Eso funcionaba!!! Pero solo durante 2 dias. Es decir, que cada dos días que se pasen en la oficina juntos, le tocaba el papel paternalista… y a veces el jefe (que es humano y tiene un límite) se negaba o no podía realizarlo. Bueno, también debe de ser porque mi presencia aquí también alteraba la rutina de todos.
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Estos ataques de furia tampoco no tardaron en volverse contra mí. El segundo weekend que salgo con mi jefe, Mr D (el más agresivo de todos) no para de provocarme. Insultándome, diciéndome que no siento el proyecto, que no soy de fiar… Es decir, haciendo todo por provocarme. Yo, aun no sé cómo, supe torear la situación. Todo esto ante la atenta mirada a 3 m de jefe que no hacía nada por remediarlo.
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El día laborable siguiente, yo hice como si no pasase nada y tratando a Mr D como la semana anterior. Comunicativo, presentándome voluntario para trabajos, solicitando información por el proyecto, intentando adquirir más conocimientos, etc. Mr D aunque al principio un poco coartado por mi sorprendente actitud, volvió aceptarme.
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Pero el nuevo brote contra mí tardo un mes en surgir. Mr D acababa de pasar una semana en Alemania y fuimos a recogerle a Bahrein un jueves para que luego se uniese a nosotros en nuestra salida nocturna. Siendo un día especial, Mr D bebió más de la cuenta y su agresividad fue también especial (increíble como el alcohol hace sacar lo peor de cada uno).
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Resulta, que cuando llegábamos a nuestro último habitual local nocturno (la discoteca de un hotel barato y con chicas que cobran si te quieres acostar con ellas), había un coche mal aparcado que impedía acceder al parking de tierra. Mr D despues de bociferar en contra del coche (no hace falta decir que es de lo más habitual en él), salió del coche y le propino una patada al espejo retrovisor izquierdo que le hizo reventar la cubierta. Después de que Mr I lo calmase agarrándolo con fuerza y mi jefe hiciese su labor paternalista, accedimos al local.
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Yo me dirigí a la barra y pedí una cerveza que pague in situ sin consultar con mis compañeros. En primer lugar porque no quería/sabía cuánto iba a beber, y en segundo lugar pues porque no quería hacer una ronda (esto aunque no me gusta, era lo habitual) con uno que se dedica a dar patadas a los coches. Cuando Mr D vio la situación, se volvió hacia mí, hizo movimientos más agresivos que la última vez a 5 cm de mi cara e incluso me toco el pecho. Mi actitud fue la misma que la primera vez. Posición firme y no responder a sus injurias.
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Finalmente Mr I (al cabo de unos minutos) se lo llevo a una esquina y yo me quede con mi jefe que aunque estaba a dos metros no me dice/hace nada, e incluso se pone a hablar con un saudí borracho que tenía a su lado como si la situación no fuese con él. Pasados unos minutos, los acompaña y me deja solo en la barra sin decirme nada.
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Por suerte, llegaron unos españoles por allí (la primera vez que pasa desde que estoy aquí) que hizo que me desahogase un poco mientras charlábamos sobres nuestros trabajos, sobre el país esperando a que se calmase la situación.
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Cuando finalmente me decidí reunir con el resto del equipo, los veo sentados en una mesa acompañados de tailandesas. Me siento con ellos y Mr D me suelta:
-Estoy seguro que lo has hecho sin querer. Pero que sepas que nunca te voy a respetar.
Yo, igual me pase, le conteste.
-No lo hice sin querer.
-Pues entonces sal si tienes huevos fuera que te voy a dar de hostias.
-No voy a salir fuera, y no me voy a pelear contigo.
-Pues entonces, no me vuelvas a dirigir la palabra.
-Ok.
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Miro a mi jefe, que estaba sentado a mi izquierda siguiendo la conversación con el rabillo del ojo y con su mano izquierda sujetada por la tailandesa. Me dirijo con la mirada hacia a él, y me da la espalda. Así que yo le sujeto el brazo que le quedaba libre y le digo:
-Perdona Jefe. Creo que deberíamos hablar sobre mi situación aquí y cuál es el papel que desempeño. Si quieres hablamos ahora, o lo dejamos para mañana.
-Para mañana.
Pues mejor, porque con el pedo que yo también llevaba, seguramente me arrepentiría de todo lo que iba a decir.
Cuando al día siguiente coincidimos en la cocina, mi jefe me aparta la mirada.
-Perdona Jefe, creo que tenemos que hablar.
-Sí, sí. Tenemos que hablar seriamente. Pero no ahora. Mejor por la tarde cuando vayas a tomar el café hablamos a solas (normalmente el día que tenemos libre, yo me voy solo porque nadie quiere acompañarme a un centro comercial y me tomo un café en el Starbucks).
-Ok. Como quieras, aunque yo preferiría que estuviese presente Mr. D. En cualquier caso, si no te parece mal, quedamos a las 18h.
-Ok. A las 18h.
Ahora estoy en una mesa de la piscina. Está anocheciendo y son las 17:45h. J
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Ahora son 23:15h. Estoy en la cama tirado y escribiendo este relato y mientras no me el de el sueño, a ver si me da tiempo de acabar el relato.
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Mi jefe me empezaba a tratar como si tuviese 5 años y fuese la típica bronca de colegio. Yo empiezo a hablar y le comento que entiendo a Mr D.
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Que se ha enfadado conmigo porque no me ve integrado en el equipo. En su equipo. Y la cerveza que me tomé a solas no fue más que un detonante. Yo digo que eso es cierto, que no me siento integrado porque realmente no sé cuál es el trabajo a desempeñar.
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Hasta le digo, que si realmente no me quiere en su equipo, que en marzo cuando esté en Madrid pues presento mi despido y le digo al personal de Madrid que me voy por la razón que me proponga: Que no me adapto al país, problemas de salud, etc. A lo cual, el se calla. Por lo cual implica (en mi humilde opinión), que aunque realmente no estoy trabajando ni al 20%, me necesitan. Me necesitan aunque realmente no sé para qué, pero me imagino que nadie va a querer hacer el trabajo sucio cuando se alcance los 50ºC, y yo tengo todas las papeletas para ser el asignado.
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En fin, resumiendo. A la falta de iniciativa de mi jefe le propongo que tenemos que hacer un encuentro entre el jefe, Mr D y yo. Aun no sé cuándo tendrá lugar ni que diré, ni qué posición tomar. Esto resultará más, bastante más complicado. Lo que tendré que ceder…
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En fín, para rematar, me gustaría hacer un corolario:
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Los conflictos, no son ni buenos ni malos. Siempre hay conflictos entre los grupos de personas. La manera de gestionarlos es lo que hace que sean positivos o negativos. Increíble lo que se aprende cuando se uno repite Administración de Empresas 2 (asignatura de 6º de carrera en la Universidad de Vigo).
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Otro detalle que me gustaría señalar, es que este conflicto surge (en mi humilde opinión) de la siguiente manera. A pesar de nuestras diferencias (que para mi eran insignificantes), me llevaba bastante bien con el equipo español excepto con mi jefe porque no me asignaba tareas claras.
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Un papel paternal que pará mí no era el más adecuado (cuando llegue aquí más tiempo, igual pienso de forma diferente), y ese malestar, por mi forma de ser (no sé si es bueno o malo) se lo dejaba bien patente a él, y que no era capaz de tomar una posición firme hacia mí. Ese descontento de mi jefe hacia mí era percibido por el resto del grupo y se volvió hacia a mi de esa forma.
Por tanto se pude representar en el siguiente gráfico:

Igual os parecerá una ida de olla o una paja mental. Pero es la conclusión que saco con la lectura del libro que estoy leyendo desde hace 5 meses (lo sé, soy de lo peor) y que a todo el mundo recomiendo (desde el ama de casa hasta el Presidente del Gobierno) titulado: El Líder resonante crea más by Daniel Goleman, Richard Boyatzis y Annie McKee.
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